El pasado 19 de octubre, el presidente Luis Abinader anunció la retirada de la propuesta de
reforma fiscal que se debatía en el Congreso Nacional, argumentando la falta de apoyo público.
Aunque aún no ha definido si esta propuesta será reintroducida con modificaciones, el ambiente
político y económico deja entrever un camino incierto hacia el futuro. Exploremos las acciones y
medidas que el gobierno dominicano podría implementar a raíz de este retiro, así como las
expectativas en torno a la fiscalización tributaria.
Un contexto complicado
La propuesta de reforma fiscal fue presentada el 8 de octubre y apenas tuvo dos semanas de
discusión. La vista pública del 17 de octubre reunió a más de 300 grupos/ciudadanos, quienes
manifestaron un unánime rechazo, argumentando que la reforma podría perjudicar seriamente
sectores económicos clave y afectar a la clase media. La presión social se tradujo además en
cacerolazos y algunas protestas, recordando los días oscuros tras la cancelación de las
elecciones municipales de 2020.
Con el retiro de la reforma, Abinader ha reconocido la necesidad de realizar recortes
significativos en el gasto público y de ajustar las expectativas sobre la inversión pública en
sectores claves. En ausencia de los ingresos anticipados de la reforma, el presidente no ha
aclarado cómo su gobierno dará cara a la inversión de su plan social y de infraestructura, sin
presionar la deuda pública.
Endurecimiento de las medidas de
fiscalización
Uno de los caminos que ha mostrado que tomará el
gobierno es el endurecimiento de las medidas de
fiscalización tributaria. Esto implica una revisión más
rigurosa del cumplimiento fiscal por parte de los
contribuyentes, así como un aumento en las auditorías y
controles. En un contexto donde se anticipan menos
ingresos fiscales, el gobierno podría intentar maximizar
la recaudación de impuestos existentes, poniendo
énfasis en la formalización de la economía y en la lucha
contra la evasión fiscal.
Ya vimos a la DGII organizándose para trabajar en
mejorar la fiscalización de los evasores. Designaron un
nuevo SubDirector de Fiscalización, Eddy Osvaldo
Arango Ciríaco (¿y quién es ese?), un pasado
coordinador de Gabinete de Impuestos Internos que
ahora será el nuevo hombre encargado de buscar el
dinero hasta debajo de las piedras.
Expectativas de ajuste y austeridad
La economía dominicana ya ha reaccionado a la noticia con una caída de hasta 2.6 centavos en
los bonos soberanos, lo que incrementa los costos futuros de endeudamiento. Las instituciones
financieras internacionales han advertido sobre la importancia de una reforma fiscal para
mantener la solvencia económica del país. Esto sugiere que, además de la fiscalización, el
gobierno deberá implementar un plan de austeridad que contemple la reducción de gastos
públicos en áreas no esenciales.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, habían recomendado una serie de
medidas orientadas a fortalecer la estabilidad económica y la sostenibilidad fiscal a largo plazo
para mejorar la calificación crediticia y, eventualmente, alcanzar el ansiado "grado de inversión",
no obstante, el retiro y la falta de anuncio de próximos pasos ha generado incertidumbre en los
mercados internacionales.
Inversiones públicas y expectativas de
crecimiento
Sin el respaldo de la reforma, las expectativas sobre la
inversión pública se ven comprometidas. Los sectores
clave, como la salud, educación e infraestructura,
podrían experimentar limitaciones en su financiamiento,
lo que afectaría el crecimiento a largo plazo.
El gobierno deberá explorar alternativas de
financiamiento y alianzas público-privadas para
sostener inversiones vitales sin comprometer la
estabilidad fiscal.
Un camino incierto pero necesario

La retirada de la reforma fiscal ha abierto un abanico de preguntas sobre la sostenibilidad
económica de la República Dominicana. Si bien el endurecimiento de las medidas de fiscalización
puede ofrecer una solución temporal para aumentar la recaudación, es crucial que el gobierno
también trabaje en un plan integral que aborde el déficit fiscal sin ahogar a los sectores
económicos ya vulnerables.
La clave estará en encontrar un equilibrio entre la austeridad y el crecimiento, garantizando que
las decisiones tomadas no afecten la calidad de vida de los dominicanos.
El camino hacia adelante estará marcado por una combinación de medidas fiscales más
estrictas y la necesidad de una gestión responsable del gasto público. “Todos los sectores
tendrán que sacrificarse”.
La población y los sectores económicos estarán atentos a las decisiones del gobierno, que
deberán ser comunicadas con claridad y transparencia para recuperar la confianza y el apoyo de
los ciudadanos.